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A LA VUELTA DE LA ESQUINA.
YA SE VIENEN!!!
5/11/09
Existen Mineros y mineros artesanales, (por si aca...)
1/11/09
DECÁLOGO DE LA BUENA MINERIA
Visión: Las minas, último salvamento en caso de gran emergencia (como la pauperización actual del Perú anónimo), impulsan la descentralización y la efectiva lucha contra la pobreza (Inspirado en el funcionamiento de las centenarias minas artesanales de oro en Carabaya).
1.- En adelante, es “comunidad minera” o “comunidad” simplemente, aquella tribu, parcela, villorrio, comunidad o un pueblo concreto que decide explotar un recurso natural demostrado en su subsuelo. En esta categoría se debe incluir a toda población sobre la cual esa futura mina podría incidir negativamente, de cualquier modo.
2.- La “comunidad minera”, se arriesga a explotar una mina por voluntad mayoritaria y tiene que haber escogido cargar con los riesgos de pasivos ambientales o modificar su estilo de vida por decisión democrática y bien informada, LIBRE DE INTROMISION de todo tipo.
3.- La comunidad minera NO DEBE ESTAR OBLIGADA a compartir recursos producto de la minería con nadie, bajo ningún pretexto (debe prohibirse coparticipaciones de canon, regalías etc.), salvo decisión comunitaria. La monetización de recursos mineros dentro de las fronteras del país, ergo, importación de divisas, ya es impacto positivo largamente deseable para el Estado.
4.- La legalidad, como instrumento que norma la actividad minera, debe incentivar la pluralidad minera del país (más minas de impacto controlado, por unidad de tiempo) y LUCHAR FIRMENTE contra todo tipo parasitismos de quienes busquen recibir recursos económicos producto de alguna mina, sin estar dentro del margen amplio de población que se considera directamente afectada. Al desincentivar el parasitismo (especialmente el centralista nacional, regional y de las capitales de facto (ejm. Juliaca, o Arequipa de todo el sur)) se elimina una poderosa razón de riesgos ambientales a caballazo limpio; los grandes centros urbanos, al no estar íntimamente relacionados con los riesgos, ni tener que convivir con ellos, ejercen sobre el Estado una convenienciera presión pro-minera “sea como fuere”, en esas condiciones los gobiernos se verán forzados a las acciones irresponsables con que actúan hoy; por otro lado, las comunidades no tienen posibilidad de ejercer su “derecho a veto” (que lo tienen de amuleto de mal augurio), dada la contundente diferencia de volúmenes demográfico, poder económico y fuerza comunicativa mediática.
5.- La mina tiene que emplear (dar trabajo) directa e indirectamente a su comunidad. Esta obligación moral es insoslayable, la norma legislativa debe penar severamente su falta de cumplimiento.
6.- La comunidad tiene derecho a exigir que la mina reinvierta in situ y consuma productos de su población, la mina tiene que convertirse en el motor impulsor del comercio dentro de sus límites comunales (población directamente afectada por la mina).
7.- La mina tiene que distribuir ganancias por utilidades a la población de su propia comunidad. Sugiero inversión en educación superior especializada que puede emplear la propia mina, como ejemplo. Sea cual fuere el capital mayoritario, sea cual fuere el carácter administrativo de la mina, ésta DEBE ACCEDER A SU AUTORIZACIÓN SI Y SOLO SI TIENE UN COMPROMISO OBLIGATORIO DE COMPARTIR SUS UTILIDADES CON SU COMUNIDAD (aparte de tributaciones, derechos societarios, o regalías comprometidas).
8.- El 50% del Impuesto a la Renta que hoy pasa al erario nacional debe ser considerada la única renta tributaria para el Estado. Todos los demás recursos (incluido el 50% que hoy se denomina canon) deben dirigirse específicamente a sentar las bases tangibles del bienestar bio-psico-social de la comunidad minera y su futuro.
9.- IMPULSANDO LA VOLUNTAD PRO-MINERA DE LAS PROPIAS COMUNIDADES (PORQUE LES CONVENDRÁ EXPLOTAR TODOS SUS MINERALES, PERO EN FORMA TAL QUE LES SEA “SOPORTABLE” A ELLAS MISMAS, LAS AFECTADAS), EL ESTADO SE VERÁ AMPLIAMENTE FAVORECIDO AÚN CUANDO APARENTEMENTE ESTÉ COMPARTIENDO DEMASIADOS RECURSOS CON LAS COMUNIDADES.
10.- El Estado debe convertirse en el protector de los derechos de los ciudadanos del Futuro del país, velar porque las comunidades no se sobrepasen admitiendo explotaciones mineras a niveles insostenibles; regulando y promoviendo las coparticipaciones voluntarias de regalías y otros beneficios siempre que sean descentralistas.
Adenda.-
Los comerciantes “intermediarios”, advenedizos y demás operadores económicos de ganancia fácil, tienen la suficiente fuerza y obstinación mercantil como para añadirse por si solos a cualquier cambalache adonde suenen monedas. El Estado, al seguir privilegiando el mercantilismo predatorio, genera una fuerza empobrecedora poderosa mediante este tipo de explotación esclavizante, que debe echar abajo. Las minas no deben favorecerlos en lo más mínimo.
waldir tuni
31/10/09
La "LEGALIDAD" es el manipuleo de los parásitos.
Puno pide legalidad, Lima pide legalidad, claro ¿cómo no les va a convenir ROBAR 37,5 por ciento y 50 por ciento, de las tributaciones respectivamente? ¡¡¡GRATIS Y SIN DESPEINARSE!!!, por el solo privilegio DE HABERSE AUTONOMINADO "CAPITAL".
Los parásitos no se bancarán los pasivos, y ese dinero lo despilfarrarán en las estupideces de los fuentes y sus esbirros, y algun que otro disparate centralista de Alan.
¿POR QUE PEDIR LEGALIDAD? ¿quien tiene el valor moral para robarle la última moneda al mendigo?. AL DIABLO CON LA CONSTITUCION, AL DIABLO CON LAS LEYES, ¡¡¡¡para nada
sirven!!!!.
(CONTESTO A MI AMIGO ALDO)
Por: Aldo Santos
Chacayaje, Ayapata e Ituata han pasado a formar parte de la crónica policial, luego de que tres personas murieran como consecuencia de un enfrentamiento entre dos poblaciones vecinas. Ayapata e Ituata, dos localidades de una misma provincia enfrentadas por la posesión de yacimientos mineros en Puno; más allá de la ineptitud de la Presidencia del Consejo de Ministros y los Gobiernos Regionales, por no solucionar los problemas de demarcación territorial que existen en el Perú y las regiones, el enfrentamiento revela los oscuros métodos utilizados por la minería informal en el país.
Los mecanismos que la informalidad utiliza para solucionar sus controversias tienen que ver, en este caso con el enfrentamiento armado, la violencia física o elementos de intercambio y negociación que están por debajo de la Ley. Demás esta hablar de los “alces”, transacciones que suponen que el propietario de la superficie del terreno, reciba a cambio una porción del oro que el minero extrae del subsuelo. O el “cachorreo”, sistema de trabajo que posibilita que el dueño de la concesión minera le permita explotar el mineral a sus trabajadores durante cuatro días, como pago por el trabajo que estos realizan durante un mes.
No hay impuestos, no hay Ley, no existen derechos laborales y ante la ausencia estatal proliferan otro tipo de vicios, prostitución clandestina, trata de personas, violencia sexual, violencia familiar o trabajo infantil. Un círculo vicioso que alimenta la impunidad y que tiene como cómplices a autoridades y funcionarios estatales que han encontrado en la informalidad un modo de vida para obtener otro tipo de beneficios (sobre todo en época electoral).
En Madre de Dios ocurre lo propio, los enfrentamientos por la superposición de predios se han agudizado; el mecanismo perverso de adjudicación de derechos mineros no distingue concesiones de aprovechamiento forestal o concesiones de aprovechamiento turístico, mucho menos predios de uso agrícola. Sólo en la Zona de Amortiguamiento de la Reserva Nacional del Tambopata existen actualmente 85 derechos mineros en trámite, 31 derechos mineros titulados y 64 de ellos se superponen con la Reserva. Además de existir superposición entre derechos mineros o entre predios agrícolas y derechos mineros .
Agricultores, concesionarios forestales y turísticos tienen que enfrentar, a través de diversos mecanismos, la arremetida de la minería informal que lo depreda todo a su paso y que difícilmente encuentra obstáculos. Algunos propietarios se han visto en la necesidad de ser ellos mismos quienes hagan denuncios mineros sobre sus predios para evitar que la plaga de la informalidad los toque, algo parecido a pagar un alquiler anual o por protección al Estado por ocupar su propio terreno.
Las cifras más conservadoras revelan que cerca de 150 000 hectáreas de bosque han sido destruidos por la minería informal en Madre de Dios; mientras en Puno los daños causados por la minería informal a la cuenca del río Ramis son incalculables.
Todo ello se agudiza en un contexto en el que el precio del oro ha superado los
1 000 dólares por onza y la pobreza, la inexistencia o mala aplicación de políticas orientadas a otras actividades productivas como la agropecuaria, la agroforestería o la conservación son imperceptibles o simplemente no existen.
La disputa entre Ayapata e Ituata, que terminó con la muerte de tres personas y otras tantas heridas de bala, puede ser el desenlace de este y otros conflictos que tienen como punto de divergencia el aprovechamiento de determinados recursos naturales en el país, si es que no se establecen reglas claras de negociación y si es que el derecho de propiedad y demás normas se siguen violando arbitrariamente con la complicidad de autoridades y funcionarios estatales tanto por su incapacidad, como por las limitaciones que estos tienen.
Para el caso concreto de la minería informal, ¿por qué no se regula el ingreso del mercurio a estas zonas mineras? Que por cierto es altamente nocivo y el Perú es uno de los pocos países que sigue permitiendo su uso, ¿quiénes están detrás del negocio del mercurio en el país?, ¿quiénes son los dueños y los vendedores de la maquinaria pesada que circula en los centros mineros?, ¿quiénes son los compradores (“blanqueadores”) del oro informal? Y por último, ¿quiénes financian la actividad?
Es sumamente sencillo atacar al minero informal, a aquel que trabaja bajo condiciones inhumanas, pero difícil decir algo sobre los verdaderos ganadores del negocio de este tipo de minería; entre ellos se pueden contar congresistas deudores, importadores de maquinaria pesada, funcionarios estatales, alcaldes provinciales, distritales y hasta dirigentes sociales e indígenas. El esquema se repite aquí y allá y la solución estatal parece ser la misma. Estigmatizar al minero y limpiar de culpas a los verdaderos promotores del negocio.
Finalmente, no se trata de negarse a la minería como posibilidad de que esta pueda aportar al desarrollo regional y nacional, se trata, por el contrario de ordenar la actividad y de que esta se realice cumpliendo estándares mínimos de responsabilidad ambiental, social y por último respetando los derechos humanos. Determinemos zonas de actividad minera y excluyamos a aquellas que tienen otro potencial, mejoremos los mecanismos de fiscalización, asistencia técnica y formalización de los concesionarios mineros y acabemos con la corrupción que continúa viviendo de esta actividad.
Foto: Enrique Ortiz
1/10/09
INAMBARI: "viaje a Carabaya" 1850.
¿están los pueblitos de Carabaya destinados a la pobreza extrema, si no se permite la "inversión" o la construccion de una obra como la hidroeléctrica del Inambari?.
Veamos qué dicen los expertos; aqui la voz de alguien en 1850. El artículo en versión electrónica como imágenes scaneadas del original escrito a máquina, se encuentra en los archivos del Grupo Carabaya (es un documentos que se encuentra en la biblioteca del centro de estudios Barolomé de las Casas del Cusco, la recopilación se la debemos al ing. Rainer Hostnig).
"Viaje a Carabaya"
La causa de esta desproporción no es difícil de encontrarse si se tiene en consideración que Carabaya, como cualesquiera otros minerales necesita fondos y de un trabajo constante y sistem-do que puedan hacer efectivas las ilusiones de todos los emprendedores más en la actualidad nadie opina de este modo y solamente creen que Carabaya es un depósito poderoso de riqueza, abierto para todo el que quiera engrandecerse…
…ha llegado a generalizarse de tal modo dentro y fuera de la republica, que hoy día raros serán los individuos que no tengan puestas sus miras especulativas en la provincia de Carabaya…
No quiero decir que en Carabaya no se encuentran riquezas encerradas, no; muy distante de pensar tal cosa estoy persuadido que las hay, y que las hay en abundancia, pero para su extracción se necesita fondos, resignación y fortaleza.
Decir aquí que el Señor Basadre, subprefecto de la segunda provincia, es un hombre que por su comportamiento bondadoso y humanitario, con todos los pasajeros, merece de que se le trate con las más dignas consideraciones de distinción y respeto. No hay un solo transeúnte que haya implorado su auxilio, que no le haya encontrado pronto a proporcionarle cuanto ha dependido de sus manos, asi es que se puede asegurar, sin temos de ser desmedido, que el Sr. Basadre en aquel punto es el puerto de salvación de todos los menesterosos, así como también lo es el Sr. Pimentel , subprefecto de la provincia de Carabaya.
Arequipa. Abril 30 de 1850.
Juan Bustamante.
Las Preguntas:
¿TODAVÍA HAY PERSONAS QUE PIENSAN QUE NADIE ALZÓ LA VOZ DE LOS PUEBLOS PROFUNDOS DE CARABAYA, PLANTEANDO ALTERNATIVAS DIRIGIDAS A SOLUCIONAR SU POBREZA?.
17/9/09
Inambari, los cucos nuestros y añejadas.
La magia
Cuentan aún de remolinos que aparecen de pronto en las aguas menos alborotadas y se zampan todo entregándolo inexorablemente a la oquedad profunda de alguna gigantesca roca; colosales infundíbulos de esas bocas del majestuoso dios del río, ese que cuando quiere comer, come y punto; todopoderosos que arrastran cuanto encuentre flotando en la superficie de las aguas hasta la profundidad interminablemente letal del fondo del gran río; nadadores, botes, peque-peques, balsas, todo puede ser tragado con la fuerza de una “singularidad desnuda”; nada escapa de la guadaña encubierta en la pasividad; ay de aquel que osare lanzarse a sus aguas sin saber las secretas mañas para librarse del acecho de esta muerte segura.

Que la anaconda habría ahogado al Nerón, el zalamero perro futbolista del Daniel de nuestros 8 años. Que las sirenas de las exóticas horas crepusculares a la vera encantada tras el recodo más remoto, ensueño frecuente del tío Gato, el fallecido en su ley, retando a la bestia a nado limpio intentando cruzarlo de banda a banda, y en enero. ¡ILUSO EL!
Que el tronco sumergido remolcado por las torrentosas aguas, culpable del descalabro familiar de los Aguilar, dicen de los difuntos que se arriesgaban demasiado en su pequeño fuera de borda, terminando tres miembros de la familia de mineros auríferos arrastrados aguas abajo, y dejando al resto de la familia sin sustento; ¡las lágrimas que habrán provocado estas trampas capaces de derribarlo todo!, cómplices de los remolinos.
Otra, la pepota (gran pepita de un kilo y algunos gramos de peso) del mejor oro rojizo, tipo charpa maciza, salvadora de la fortuna familiar del amigo, que habiendo fracasado (por falta de pagos en la Catolica) lograrían extraerle a las entrañas del gigante Inambari, tras tres meses de aventura minera junto a padre y hermano.
La esperanza, por nuestro lado; los chunchos venidos de enfrente, desde esas tierras secretamente bellas e indómitas, sus dizque temidos ataques a la nebulosa Ayapata, su dizque comercio con alguna que otra covacha “civilizada” en la húmeda Ituata, resabios éstos de la proclividad a recordar viejos hechos por siempre, viejas remembranzas de centenaria actualidad; aguas puras, plantas y animales desconocidos, mitología entremezclada con la historia guardadas para el futuro. Lo imaginario, imaginado y hurgado al sur-oeste.
Allá, antes del infinito limbo, el finis-terrae: el soberbio Inambari; límite máximo de toda posibilidad de aventura; la demarcación máxima hasta donde la magia de la selva cognoscible podría permitir sordidez alguna, como los entierros de borrachos vivos en pago a la tierra por sus dádivas auríferas.
Más allá, a la vera de enfrente, todo lo sano, todo lo puro, todo lo esplendorosamente inmaculado, lo escondido por respeto al orden establecido desde lo sobrehumano; lo intangible por el temido guardián que se interpone entre el hombre y la selva a boca plena. Más allá de lo conocido, la selva del CANDAMO.

De este lado, lo explotable; de aquel lado, el baúl de la esperanza de los hijos de nuestros hijos.
Todo limitado por el señor de nuestra selva: El Inambari, el gran rio inspirador mayúsculo de los secretos cucos, sueños, amores y muertes del mundo en que crecí.
Tras 100 años, el Inambari vuelve a la historia trinacional.
En septiembre del 1910, tras casi 100 años de independencia, los límites fronterizos entre Bolivia y Perú se delimitarían definitivamente con arbitraje argentino, tras arduos años de enfrentamiento diplomático en que el INAMBARI, fue actor sublime.

plano del Obispado del Cusco (1670), Archivo de Indias, Sevilla, Planos: Perú - Chile, Nº 64.
Euclides Da Cunha, imponente escritor brasileño, tras abundante sustento, probablemente el mejor elaborado a favor de Bolivia, porque así convenía a su país Brasil, en virtud de una complicada posible negociación con El Acre, que Bolivia pugnaba por otro lado; da Cunha escribiría el “Perù versus Bolivia” en que resumía el problema asi:
A Bolívia, por comprazer ao desejo expresso da nação colitigante, parte da base de quase mil quilômetros, estendida entre o Madeira e o Javari, da linha divisória do Tratado preliminar de Santo Ildefonso, e reclama todo o território que lhe demora ao sul, limitado a oeste pelo curso do Ucayali até aos formadores do Urubamba e vertentes meridionais do Madre de Dios à esquerda do Inambari, reduzindo a máxima expansão oriental dos domínios peruanos à meridiana do rio Suches, e excluindo-os, inteiramente, dos vales amazônicos que se sucedem do Juruá ao Mamoré. O Peru, baseando-se, fundamentalmente, na mesma linha, exige os mesmos terrenos dilatados, extremando-os no levante com os thalwegs do Madeira e do Mamoré até à foz do Iruani, e ao sul com os do Madidi e Tambopata, por maneira a incluir no pleito largas superfícies de terras brasileiras, ao mesmo passo que agrava o hinterland boliviano, recalcando-o nas altas nascentes e cursos médios do Mamoré e do Beni[1].
El sustento técnico boliviano: el uti possidetis al 1810; respaldo con el que Bolivia auguía…
Ali, ela refinou os seus atributos nativos; e chegou à independência administrativa antes de chegar à República.[2]
Mientras que Perú se defendió basado en ese mismo uti possidetis a la criolla, el sustento principal era la modificación de denominaciones (mas no de límites) de 1776 y 1782, cédulas reales que incorporaban a Carabaya y otros territorios a la jurisdicción política de la Intendencia de Puno, con parte del curso del Inambari como límite septentrional.
A pesar de ese interés trinacional, hasta 1874, el mundo científico no conocía exactamente el curso medio y bajo del Inambari, el primer geógrafo en describir la hidrografía del Esquilaya, el San Gabán y su relación con el gran Inambari fue Raimondi.
A pesar de los documentos, sobre el terreno mismo, los detalles mínimos de límites, hasta el 1910, eran nebulosos. Las confusiones saltan a la vista cuando se lee la literatura de esos tiempos (a ambos lados de la frontera, y aún más nebulosos en los de Lima), usualmente se toma como referente limítrofe parcial al curso del Inambari, para continuarlo con la Cadena de montañas de Carabaya resultando una ambigüedad insostenible para quienes conocemos estos territorios, porque terminan refiriéndose a una Carabaya inexistente en Puno (el límite meridional actual de esta provincia es esa cadena) y con la actual Carabaya y Sandia, con el nombre “Caupolican” y delimitación septentrional difusa, que por las sinrazones del derecho internacional, estaría entre Bolivia y Brasil.
Quo Vadis
La historia dio un giro de 360º, el interés por la mágica selva de los fabulosos oros del incario (y desde entonces hasta hoy): la selva de “Carabaya, la aurífera”[3] se pone nuevamente como pieza mayor del interés brasileño en territorio peruano; esta vez, la ambición toca el potencial dinámico de las aguas del Inambari. El interés boliviano viene indirecto por las voces que bullen haciéndole coro a la izquierda de inclinación racista del Sr. Morales; pero interés, al fin.
[1] Euclides da Cunha, Peru versus Bolivia, la versión consultada se encuentra en los archivos del Grupo Carabaya. Transcripcion en portugués de la obra original de editorial Rio de Janeiro, escrita en 1902.
[2] Idem.
[3] Epíteto asignado por de Clement Marckham en sus “viajes por el Perù y la India”.
4/3/09
En el nombre del oro y sus mineros muertos.
Hay en los artículos periodísticos que anotician la tragedia del alud que sepultó el campamento minero de Winchumayo, citas a mulas, es que no saben los periodistas cómo es realmente el suelo de Carabaya; a los lavaderos de Ituata, Ayapata, Coasa, Usicayos sólo se puede entrar a pie y en algunos pocos casos, con la ayuda de llamas, que son animales que parecieran estar hechos para esas dificultades, aunque no para todos los casos; los caballos, las mulas y asnos, usualmente NO SIRVEN; son animales demasiado voluminosos para los hilos entreabiertos en plena charamusca, en que a duras penas asienta bien un pie por donde se tiene que andar, caminos que casi todos siguen el sentido de un rio y estan, por tanto, al borde de un precipicio; a esas características hay que añadir trechos donde es necesario echar el cuerpo al piso para asirse mejor a la superficie barrancosa y humeda. Tras varias horas de esa caminata es que se llegan a las minas de oro. Una vez allí, dicen los que tienen antiguas mañas en esto de sacarle oro a la arena y a la grava de los rios, que depende de una existencia moral, social, personal, exclusivamente personal la cualidad de minero que uno pueda llegar a ser. Alguien puede pasarse meses y meses moliendo y bateando arena sin sacar absolutamente nada o unas pocas miserias en alguna playa, sin embargo, otro de mejores cualidades mineras, puede sacar de esa misma arena que el primero desechó verdaderos tesoros; esa es la única ley del oro, que se le aparece a quien él escoje o quiere. El oro no tiene vida, es una fuerza sobrenatural contraria a la diosa denominada Pachamama la que hace posible ese don, no pocos definieron a esa divinidad como "diablo" o "el tio"; quien sabe si esa sea ya una modernización colonial. Dice un mito de mi tierra que allá por los fatidicos futuros dias en que el mal campee a diestra y siniestra, el de los dias previos al fin del mundo, todos los alimentos escasearán, las tierras no produciran lo que siempre, los animales hembras no pariran; sin embargo habra oro, mucho oro, dinero a montones sin tener qué comprar, tanto oro que se podrá recoger en cualquier riachuelo de los muchos cercanos que existen, de hecho, este será uno de los signos que muestre cuan cercano esta ese aciago futuro. Ya imaginarán cuantos persignios suscitan en nuestras abuelas, cuando estas son esteradas por el chismorreo que en algún riachuelo poco usual y cercano, vieron a alguien lavando oro. El minero de Carabaya regularmente es un muchacho que dejó el colegio, en busca de la aventura de la yunca, por esto, la yunca y el oro, son la maldición de los profesores rurales; se fue porque vio el ejemplo en otro amigo de anterior generación, o un hermano mayor, a quien habrá visto regresar a la fiesta del villorrio-comunidad con un minicomponente (infaltable) , algo de ropa nueva, propia de ese glamour amodal, algo postmoderno o excéntrico y surrealista, comprando algunas cervezas POR CAJAS, esa es la verdadera diferencia del minero. Esa fantasía que dura poco, atrae a los muchachos, los hace exponerse a mil peligros de los que las avalanchas son de las más raras; la selva, y ¡cuanto más esa que describió Raimondi!, ya de por si es un enmarañado de peligros a cada paso, y cuando se va tras el oro, regresar muchas veces resulta épico. Por todos los caidos, por todos sus sueños, por otro futuro ¡CUANTA FALTA HACE LA VÍA QUE COMUNIQUE ESOS LUGARES CON EL MUNDO!.
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13/5/07
El Oro de Carabaya: impacto e injusticia
Pues, resulta que hay evidencias convincentes de que ambas apuntan a un solo origen mayoritario: el potencial aurífero de Carabaya.
No vamos a abundar en el saqueo español perpetuado año tras año desde 1542, que ni cifras ni registros nos dejaron, desde aquella lejana fecha del primer envío de oro directamente desde Carabaya. Es cosa, si bien no juzgada aún, sabida por demás.
Impacto económico reciente
El dintel de las entrañas del Perú histórico tiene un nombre, se llama aeropuerto Alejandro Velasco Astete, lleva el nombre del piloto que hizo el primer vuelo a través de los Andes en su avión entre Lima y su natal Cuzco, ciudad que le ofrendara ese reconocimiento mas una avenida que también es homónima; Astete, apellidaba la familia cuzqueña que amasó su poder con el oro de Carabaya, tanto como Estevez en Puno, la familia que era propietaria de la isla donde actualmente se encuentra el único hotel de cinco estrellas de esa ciudad; nos lo dice uno que los conoció en persona, trató con ellos, un vecino, también minero ocasional en Carabaya, el ex - subprefecto de Azangaro (en el tiempo de su residencia temporal conveniente para su oficio minero) Sr. Modesto Basadre y Chocano, ancestro que más influyera en el insigne historiador de Tacna: Jorge Basadre.
El señor don Félix Rodríguez, vecino de Puno en 1849, trabajaba los lavaderos de Aporoma, pagando un arrendamiento a los señores Astetes, cuando sus peones descubrieron casualmente los lavaderos de oro del río de Challuma, habiendo pasado en balsas el río de Huari-huari, Aporoma dista unas 25 leguas del Crucero.
Y Challuma (y por tanto Rodríguez), fue el más rico lavadero de oro de mediados del siglo XIX.
Tal fue el poder de Carabaya en el Perú postcolonial, fue el sostén económico de mil aventureros y también de quienes hicieron la historia de este país después de desligarse de España. Y aún antes, uno que no fue español pero que amasó su cacicazgo en dichas tierras a fuerza de oro y coca, fue el mítico Tupac Amaru II.
Por si las mentes que no faltan, seguirían cediendo a la tentación de creer que hay exageración en lo dicho. El propio Modesto Basadre nos relata la historia de una pepita de Mercedes, un antiguo lavadero aurífero de la actual jurisdicción de Coaza:
…en la labor Mercedes, del ya citado señor Rodríguez, éste sacó una pepita de
oro muy grande, cuya historia merece anotarse. Esa pepita fue vendida al
canónigo Macedo, de Puno, quien la obsequió al señor Mendoza, Obispo del Cuzco;
de este la heredó su sobrino el señor General La Puerta, de cuyo poder pasó por
un movimiento de flanco, a manos del General Castilla; éste la obsequió a un
Almirante inglés, cuando la fragata Perla apresó al Tumbes y Loa en Casma, en
1857, debe, pues, existir aún en algún museo de la Gran Bretaña.
Y Castilla fue cuatro veces presidente del Perú, ¿quien sabe si el almirante inglés no se ganó los favores reales gracias a un pedazo de las entrañas de Carabaya?.
La historia de la ingratitud
Ya habíamos esbozado cuan incomunicada sobrevivió Carabaya, la actual, hasta iniciarse este siglo XXI; hoy damos un dato más que resume las consideraciones de la historia peruana para con un pueblo que le dio más de lo que se supone, los índices PNUD publicados el 6 de noviembre del 2006:
Como en todos los países, en el Perú se inventan artificios para enmascarar las verdades que no convienen; para estas cifras, primero, el logro educativo mide solamente el nivel secundario, índice que no refiere nada porque en la práctica no incide en la calidad de vida; segundo, el ingreso familiar no es medido a escala subnacional, se toma como referencia los subsidios que el estado destina al área divididos entre la población, no se toman en cuenta la migración de recursos por el tributo que tienen que pagar los pueblos marginales a las capitales, grandes y pequeñas, como efecto del centralismo más secante de Latinoamérica, o sea, es otro dato mentiroso, el más amañado.
Con esos artificios, la propia oficina del PNUD en Perú admite que la escala del IDH sube más o menos 2 puntos decimales, (Ver metodología y comentarios de los daos del PNUD)
En forma más o menos confiable, entonces, estamos hablando de una provincia que es la qué más rápido se muere en el país.
Si con el artificio incluido el Indice de Desarrollo Humano es similar al de Camerún o Uganda; quitándole las mentiras, en verdad estamos hablando de una provincia que vive como en Malí, Sierra Leona, Nigeria o tal vez peor. (Ver comparaciones)
De colonia española a colonia peruana
Después del 28 de julio de 1821, para muchos la historia no cambió, esta es una muestra.
Sistema de Distribución del Canon Ley 28322 (2004)
El Canon Minero es el 50% de las tributaciones de las minas por Impuesto a la Renta de tercera categoría (el otro 50% va para administración del estado); el Canon Minero se reparte así:
- 35 % para el Gobierno Regional
- 40 % para el Departamento donde
se encuentra la Mina
- 15 % para la provincia de la mina
- 10 % para el distrito de la mina. O el 5% de toda la tributación por renta, considerando el 50% que se come el Estado.
- las COMUNIDADES NO CUENTAN EN LA REPARTIJA DE DINEROS.
Por si fuera poco, existen "autoridades" que destinan esos recursos a sueldos, obras muertas y hasta los roban; otros, en cambio, cacarean construir maravillas sobre espaldas ajenas (leer algunos comentarios sobre esos planes)
En tanto, en Carabaya, hay bolsones de indigentes donde se come papa con papa y un poco de c’haco (silicato graso de alúmina) por todo acompañante.
15/4/07
Carabaya "la aurífera" y Raimondi
Durante los primeros años de la conquista del Perú, la codicia por el oro y la plata llegaba a extremos insospechados, no había en los conquistadores muralla infranqueable, ni lugar que no hayan escudriñado en su busqueda; estaban seguros que "el dorado" era una realidad, lo buscaban por todos los rincones de América.Llegaron a enterarse de unas legendarias tierras auríferas al sur-naciente del Cuzco, de allí se habrían sacado una buena parte del oro del Coricancha, el nombre de esas tierras de transición entre la inhospita altura del lago Titicaca y sus alrededores y la agreste selva sur era el territorio de unas gentes que los nativos llamaban algo como Callahuayas, Carahuayas, Caruayas, Carabayas así lo escribirían inicialmente, nombre que algunos años después se españolizara definitivamente como Carabaya.
¿Cual era la particularidad del Oro de Carabaya?
El oro prehispanico de Carabaya...Todo el oro del Perú es de 18 a 20 quilates de ley, poco más, poco menos. Sólo el que se saca en las minas de Callauaya (o Callahuaya) es finísimo, de a 24 quilates. Y aun pretende pasar de ellos, según me lo han dicho algunos plateros en España.
El año de 1556 se halló en un resquicio de una mina de las Callahuaya una piedra de las que se crían con el metal, del tamaño de la cabeza de un hombre. El color propiamente era color de bofes y aún la hechura lo parecía, porque toda ella estaba agujereada de unos agujeros chicos y grandes que la pasaban de un cabo a otro. Por todos ellos asomaban puntas de oro, como si le hubieran echado oro derretido por encima: unas puntas salían fuera de la piedra, otras emparejaban con ella, otras quedaban más adentro. Decían los que entendían de minas, que si no la sacaran de donde estaba que por tiempo viniera a convertirse toda la piedra en oro.
En el Cozco la miraban los españoles como cosa maravillosa, los indios la llamaban huaca (que, como en otra parte dijimos, entre muchas otras significaciones que este nombre tiene una es decir "admirable cosa" digna de admiración por ser linda, como también significa "cosa abominable" por ser fea), yo la miraba con los unos y con los otros.
De Paucartambo salió una buena parte del oro del Coricancha, lo suponen varios entendidos, además de mostrar eso los vestigios encontrados alrededor de las antiguas minas de esa provincia y a lo largo del río Marcapata (hoy Quispicanchis). Guamán Poma de Ayala, muestra que gran parte del oro del Coricancha fue llevado también desde la tierra de los Callahuayas; y Raimondi es categórico:
Pero si es verdad que el camino que conduce a la parte interior de las provincias de Sandia y Carabaya (hasta 1875 juntas), donde se hallan los lavaderos y vetas auríferas, es muy escabroso y dificil, lo es también que esa región ha dado y puede dar todavia inmensas riquezas; de manera que con razón la región de Carabaya ha sido considerada como la más rica en oro de toda Sudamérica.
AdemásLas minas de oro de Carabaya son, sin duda alguna, las más antiguamete conocidas, pues el nombre de Carabaya, mas o menos modificado en Caruaya, Callahuaya etc. es citado por los antiguos historiadores como el de un lugar muy rico en oro, conservándose la tradición de una gran pepita de la forma de una cabeza de caballo y de cuatro arrobas y libras de peso que fue sacada de los lavaderos de la quebrada de Inahuaya [Yanahuaya]; además de otra como la cabeza de un hombre, hallada en 1556 en un resquicio de la peña [por tradición se sabe que fue en Ayapata] y que vió el historiador Garcilaso . (Raimondi, Minas de oro del Perú, pg 146)
Ubicación de las minas Incas"En el Perú se explotaron, desde 1542, los yacimientos de Carabaya y, a impulso de oro, se fundó el poblado Chaucallas" (Lucena Salmoral, Historia de España y America, Edit. Rialp, publicado en 1982, pag 670; datos que da revisando los archivos de la corona española).
¿De qué lugares de Carabaya llevaron los Incas el oro que finalmente terminaría como parte de botín de guerra en oro mas grade de la historia universal: el pago por el rescate de Atahuallpa?, seguramente hubieron muchos centros mineros. La mejor aproximación para reconocerlas, la hizo Raimondi, aunque su viaje de reconocimiento estuvo mas bien dedicada a verificar aquellas que en el momento de su visita estaban en actividad, no reporta muchos vestigios importantes como el trapiche de Corani, la bocamina de Lac'kaya - Azaroma, ni se molesta mucho por buscar los vestigios de antiguos pueblos auríferos Aporoma o la propia Villa San Juan del Oro, la primigenia fundada por Pedro de Candia; estos lugares, para cuando llegó a la hoya del Inambari, ya habían desaparecido en los siglos anteriores; los vestigios de explotación aurífera que reporta, todos en los lugares de relativamente facil acceso, son los que encuentra en su camino buscando llegar a los lavaderos activos para su tiempo.
Tal era la técnica aurífera de los Incas. Aunque le daban casi el mismo interés de metal precioso que los europeos, no llegaban al extremo de buscarlo a cualquier precio; había una característica diferencial importante en la forma de extracción aurífera que tenían los nativos, con la que trajeron los españoles: los incas explotaban el metal que se encontraba casi a flor de tierra, los españoles trajeron la técnica del amalgamado con azogue (lavaderos) y la explotación subterránea.En el cerro Incacancha, (en Paucartambo, Cuzco) se observan varios canales que han servido para lavar la tiera y descubrir las venas auríferas. También se han encontrado cuñas, cinceles y pequeñas barretas de cobre peretenecientes a los antiguos peruanos; lo que hace conocer que este rico depósito de oro ha sido también explotado en una época anterior a la conquista.
Como no se nota ningún resto de acequia en la parte elevada del cerro, donde se observan surcos y canales, es probable que los antiguos peruanos lavaran la tierra aurífera sólo en la estación de lluvias."(Raimondi, Minas de Oro del Perú, pg 130)
Algo más, los habitantes de las Tierra de los Chunchos (denominación usada para la selva no conquistada por los Incas) no dejaron vestigios de técnicas de explotación del Oro como una actividad económica prehispánica importante; claro, el mercado de trueque entre los chunchos y las naciones conquistadas por los Incas, no era dinámico para este producto.
Buscando las antiguas minas
Una de las expediciones más serías por Carabaya, dijimos, en tiempos de su acrecentada fama de "la aurífera", fue la de Antonio Raimondi entre el 15 de agosto y el 24 de diciembre de 1874. Las memorias de su viaje se encuentra en su libro: El Perú, libro segundo, Cap V, pp 177-202. y empieza diciendo:
"...Esta apartada provincia, célebre por sus ricas minas de oro, siendo muy poco conocida tanto por hallarse arrinconada en el extremo sur de la república, cuanto por la falta de caminos para entrar en sus fértiles valles, llamaba mi atención de un modo particular, y desde mi salida de Lima había hecho el propósito de recorrerla, aunque fuese a pie, de un extremo a otro, visitando todas sus quebradas que tributan sus aguas al río Inambari; propósito que realicé empezando por la parte occidental, que linda con el departamento del Cuzco, y acabando por la quebrada de Tambopata, que sirve de limite con la república de Bolivia..." (Ver anexo "Recorrido de Raimondi")Hallazgos de Raymondi
Por su recorrido, describe casi completamente la hoya del Inambari, esto es lo mismo que decir el territorio el antiguo partido Hatun-Carabaya, es la unidad geográfica que la habria caracterizado o, quizás, identificado desde épocas prehispánicas; socialmente organizada sobre y para la economía explotadora del oro, con dos grandes polos productores de elementos necesarios para la vida de mineros; uno, donde predominaban los productos de origen animal, en Macusani y alrededores; el otro polo productor de derivados vegetales importantes, incluido un trapiche para la fabricación de alcohol artesanal en Sandia y alrededores.
Además de este par de centros proveedores importantes, aunque no monopólicos, existían una red de pequeños centros poblados intermedios que, por un lado, cumplían la función de centros de intercambio comercial entre los centros proveedores y los lavaderos o minas; por otro lado, eran las organizaciones sociales más próximas a los lavaderos, por cuya ubicación servían también de centros de cobijo o estadía de descanso para mineros, allí los buscadores de oro podrían sentirse al amparo de los furtivos ataques de los temibles Chunchos de selva, donde estaban las minas; eran lo más parecido a los campamentos mineros, aunque no eran eso en el sentido estricto, porque, si por algo se caracterizaban las minas o lavaderos, era porque nunca se sabía –se sabe- cuan pronto desaparecería su riqueza, obligando a todo mundo a cambiar de rumbo. Algunos de los pueblos que otros autores describen, hoy desaparecidos, son: San Pedro de Alcántara de los Araonas; Aporoma; Mercedez; San José de los Toromonas; la villa fundada por Candia originalmente llamada San Juan del Oro, en cuya memoria se crearía el pueblo del mismo nombre, ahora en Sandia; y algunas otras.
El eje económico de toda esta región en tiempos de Raimondi estaba en el centro, en la porción selvática que aún hasta nuestros días son todavía territorios con escasísisma población humana; además de Poto ó Ananea que aún pertenecía a Carabaya.
Etapa de los hallazgos de Raimondi
Cuando este ilustre italiano visitara Carabaya y sus minas, existían vestigios de haberse explotado este mineral en todos los rincones de Carabaya, para el último cuarto del siglo XIX, la mayor parte de esos restos era eso, un recuerdo de la fructífera labor de explotación aurífera en tiempos previos.
Podríamos afirmar como simple hipótesis, sujeta a variaciones o confirmaciones con mayores investigaciones que hasta concluir el siglo XVII se habrían agotado todos los centros mineros de los Incas, esos de fácil acceso y sencilla explotación en Carabaya.
Por desgracia no existen datos precisos, salvo una vaga referencia de que en 1712 habría llegado al Callao una Draga, la primera con destino al sur del Perú; las únicas minas que, se supone, producían oro en esta macro región eran las de Incacancha (Paucartambo) algunos pequeños lavaderos en el Urubamba y las más importantes por ese tiempo: los de la cuenca del San Gaban, en algunos arroyos afluentes de fácil acceso del Inambary, ninguno todavía en este importante río, cuyo curso y características eran prácticamente desconocidos inclusive hasta la verificación por el propio Raimondi (170 años después); San Juan del Oro, la villa minera de Candia, había desaparecido arrasada por una riada o por los chunchos, lo propio Aporoma; Challumas, el foco minero en el centro (selva) de Carabaya recién empezaría a explotarse unos 130 años después.
Ya fuere que la draga llegó a Carabaya o no; hasta los primeros años del siglo XVIII, debido a la inusualmente accidentada topografía que no permitía ingresar con bestias de carga para transportar objetos pesados, el método de producción era básicamente artesanal primitivo; es decir, con el auxilio de herramientas livianas, una pala, un pico y tal vez un barreno, algunas bateas y azogue; hasta esta fase inicial de la explotación con técnicas expañolas, se aprovecharon como referencia los centros mineros incaicos y sus vestigios, ya como tradiciones o como evidencias físicas de explotación aurífera preihispana.
Apoyamos la hipótesis mencionada, por la conocida crisis minera del siglo XVII y XVIII que afectó al Perú y México, primero por el agotamiento de las reservas primitivas, con ausencia de nuevos hallazgos de vetas de minerales preciosos y además, por la crisis productiva del azogue de Huacavelica que forzaría a desvíar ese elemento de producción española hacia Carabaya y Potosi, en desmedro inclusive de la actividad minera mexicana. (Navarro García, L; Historia general de España y America, los primeros Borbones; ed Rialp; pg 189- 190)
Entonces, despues de una cierta mengua productiva, alrededor del año 1700, en adelante, las minas tendrían un nuevo impulso; esta vez con el auxilio de trapiches y dragas para beneficiar el oro, además de las incursiones más osadas en selva virgen. La tecnología de punta de entonces, habría llegado alrededor de esas fechas a las más antiguas minas auríferas del Perú. Los hallazgos y descripciones de Raimondi son el 'balance contable' en pleno apogeo de esta segunda etapa.
"La aurifera" del siglo XIX y los sufrimientos del sabio.
El esplendor de los 3 siglos auríferos previos de Carabaya que cautivó al sabio, se sintetizaba con la persistencia de las tradiciones de las dos gigantescas masas de oro, arriba trascriptas, una del tamaño de la cabeza de un caballo, encontrada cerca de Yanahuaya y la otra, la de Garcilaso, del tamaño de una cabeza humana, hallada probablemente cerca de Ayapata en 1556. A estas dos legendarias, habrá que sumar una tercera pepita encontrada en Muc´umayo (Ituata) de 46 Onzas y 12 adarmes en 1851, documentada por el italiano, ën su " Minas de Oro del Perù" (id).
La epopéyica expedición de Antonio Raimondi, que durara más de 4 meses, terminaría a solo un mes y once días antes de la división oficial de las dos provincias Sandia y Carabaya; este tiempo corresponde al de franca decadencia de Crucero como capital, no sorprenda, por ello, algunos no tan justos conceptos que escribiò sobre esa antigua capital provincial.
Su reporte, es la más extensa y detallada descripción de muchos pequeños lugares remotos del antiguo partido Hatun - Carabaya, de lejos la más amplia, pero aún ella, incompleta; como descargo habrá que remarcar las enormes dificultades que tuvo que sortear el sabio, para recorrer el área equivalente a toda la extensión del actual departamento peruano de La Libertad, o al de todo el país Israel de nuestros días, obligado a recorrer la mayor parte de esa endiablada topografia, a pie.
Antes de la publicación de las memorias de su viaje por Carabaya, las descripciones que de ésta provincia se escribieron, tenían mucho de imaginativas, prejuiciosas y elaboradas sobre la base de historias sabidas de oídas; sobretodo las que eran hechas por encargo gubernamental, por tanto, hechas sin otra razón que la obligación por justificar sus sueldos. La razón de estas mentidas arbitrariedades encontradas en la literatura, debe ser porque, paralelamente a la fama de "aurífera", Carabaya gozaba de un aura de “enigmática y peligrosa”, tan o más grande aún que su potencial dorado; se sabía de su piso como papel arrugado, todos le temían (temen aún), por creerse escondrijo de los feroces silvícolas incivilizados llamados genéricamente Chunchos; por si fuera poco, desde el Inca Tupac Yupanqui, se tenía por sabido que las serpientes y demás alimañas, no eran cosas de juego; para colmo, su ubicación remota alimentaba o aumentaba ese desconocimiento y desinformación.
Raimondi al final de su descripción de Carabaya dice:
“ Algunos pasos mas y ya habría salido de la silvestre provincia de Carabaya; de aquella sin par región donde parece atropellarse la vida animal con la vida vegetal; donde la Naturaleza es reina absoluta y el ser humano un ser debil e impotente.
Si es verdad que mucho había sufrido, recorriendo aquel mundo primitivo, puedo decir también que mucho había gozado, puesto que allí se habían verificado del modo más completo, los sueños de mi infancia, de ver aquellos empinados cerros, torrentosos ríos e impenetrables bosques, en su estado más virgen, sin huella alguna de la civilización del hombre.
A pesar de que salía muy fatigado de tantas correrías y marchas a pie, mi ánimo experimentaba un vago sentimiento de tristeza, al dejar detrás de mi aquel emporio de vida, para subir a la helada región de la Cordillera y recorrer nuevamente los elevados y desnudos llanos del departamento de Puno” (Antonio Raimondi; El Perú, libro segundo, cap V, pg 202).
¡¡¡Grande Raimondi, tanto como la gloria de la "Aurìfera"!!!.
Foto: "Mucumayo, 500 años después" © Raúl TalaveraTodos los derechos reservados
Fotografía tomada por: Raúl Talavera Salas
Más fotos del mismo autor: http://www.panoramio.com/photo/1321333
Anexo: Recorrido de Raimondi
Su viaje empezó entrando por Crucero, la capital de entonces; Ajoyani, Macusani, Ayapata, Ollachea , algo de Chia, Q’juichu y Palca- poblados preincas de Azaroma; luego pasó a Corani, visitó algo de la quebrada del río San Gaban, no le fue posible continuar más abajo. Volviendo a Ayapata, exploró el San Gabán entrando por el tambo Quitón-quitón, avanzaría hasta la hacienda San Jose de Bellavista, "en el límite de los terrenos habitados por los salvajes..." según sus propias palabras; llegaría después de muchísimas penurias hasta la desembocadura del San Gabán en el Inambari.
Siguiendo el Inambari, buscaría la desembocadura del Esquilaya (o Ayapata), para seguir su retorno por la quebrada de este río, aguas arriba; tras igual o mayores penurias que durante su ingreso llagaría al Tambo Esquilaya, pasando previamente por el puente colonial del mismo nombre, el siguiente tambo visitado por Raimondi sería Ichucalla, para finalmente regresar a Ayapata.
Después de Ayapata visitaría Ituata, luego de un rápido vistazo del río Ituata y el Caxili, famoso ya desde entonces por sus lavaderos de Oro, se iría a Tambillo, describiría su puente preinca compuesto por solo dos rocas y sus ruinas preincas. De Tambillo pasaría a Coasa, de ahí a Usicayos, para regresar a Crucero.
De Crucero iría a la famosísima quebrada aurífera de Challumas ladeando la laguna Aricoma, cruzando la cordillera llegaría al tambo Huancarani, para llegar a Phara, pasaría al Tambo Huaturo, de este tambo pasaría al de Patalayuni, continuaría hacia los tambos Mamanta y Cotani describiendo entre ambos el puente de construcción inmemorial. Después llegaría a la Mina, por entonces centro poblado con tres casas y un alcalde, de La Mina, iría a ver el río Pulipuli, la antigua mina de Aporoma, el Rio Pachani y Palcabamba poblado a orillas del Huari huari que mas abajo toma el nombre de Inambari, recién después llegaría a la mina Challuma y de allí al tambo Huari-huari.
Pasando por Versalles, centro poblado creado por el francés Gabriel Larrieu luego de descubiertos los minerales de Challuma por los 1840s -de ahí su nombre-, de Versalles iría a el Carrizal otro pequeño centro aurífero. Para el tiempo del viaje de Raimondi ya las aldehuelas auríferas de Pusupunco, San Simon, San Jose, Cangali, Cemeterio, Alta Gracia, ya eran solo un recuerdo, todas ya deshabitadas.
Del Carrizal, iría a Quinsamayo, Mercedes, Puerta Libre, las vetas de Sacramento, la Recompensadora, Montebello o Ccapac orcco. Toda esta riquísima zona fue muy concurrida y animada durante los años 1840 -1850, a fines de ese siglo, ya casi todos esos lugares eran simples lugares deshabitados.
Saliendo de Huari Huari, se encaminaría por quebrada virgen hasta Chicali, para encontrar el tambo Pullani, al tambo y río Sagrario, el tambo Chivini, el Tambo Humabamba, para finalmente llegar a Buenavista y Phara, y de Phara nuevamente a Crucero.
De Crucero, después de descansar por 7 días, se dirigiría a las minas de Poto, a 4717 msnm, (en el límite sur de la Carabaya de entonces, por ley Nº 9965 de 15 de septiembre de 1944, cambió su nombre por el de Ananea, y anexada al Azangaro de ese tiempo), luego a la mina Ananea a 5210 msnm. De Poto, continuaría hacia la quebrada de Cuyo-cuyo, y de ahí a Patambuco donde describe chullpas y casuchas prehispanas, volviendo luego a Cuyo-cuyo para entrar en la quebrada de Sandia; de Sandia iría a Atunyunga o Huasayunga, eso es Valle Grande; de allí marcharía hacia el Tambo Ichubamba y la Punta Ramos Pata, por el camino de Iparo, llegando a Yungacoya; para pasar al tambo Isilluma; siguiendo el Huari-huari quebrada arriba, pasaría por San Jose, Chacllura, Vilcabamba y Cuchini, para seguidamente volver a Sandia de donde siguiendo el curso de su río encaminaría a Caramasani luego al tambo Iparo; de Iparo continuaría su viaje hasta la desembocadura del río Sandia en el Huari-huari, para pasar hacia Paraíso, y llegar al territorio de los “célebres lavaderos” de San Juan del Oro; volviendo luego casi hasta la desembocadura del Sandia en el Huari–huari; caminaría con dirección a la gran quebrada del Tambopata, pasando por Marun kunca, con destino primeramente a Huccaychuro por la quebrada del Llami-llami. De Huaccaychuro se iría a Ichupata y Llincki-huayk’o de ahí iría a San Juan Pata, y Santa Rosa; por Ccasasani iría finalmente hasta Yanamayo, de esta aldea, dice Raimondi, Clemente Markham habría llevado sus más grandes volúmenes de Cascarilla rumbo a la India, como contrabando. De Yanamayo, y con el propósito de mejorar las entradas del Weddel y Markhamm, predecesores suyos, se encaminaría a la quebrada del Tambopata por selva virgen, llegando a Cruzplaya, por entonces en pleno territorio de los Chunchos, entraría todavía más hasta el río Santo Tomas y Moyobamba, antes de llegar a Putina-punco pasando por el encuentro del San Cristobal y el Tambopata; de Putinapunco, regresaría a Huaccaychuro su siguiente meta era conocer Quiaca y Sina, orígenes más remotos del Inambari.
De Huaccaychuro iría bordeando el río Llami-llami hasta Tambopata, el pueblecito, para seguir hasta Raquiraqui y Chinahuaya, de ahí hacia el río Yanahuaya, llegando a la Villa, lugar poblado con capilla incluida; pasaría hasta el tambo Huichillumi, el tambo de Congata, y el río Cahuanaco, el río Chullumayo, llegando al tambo Chimbata por la cuchilla entre el Quiaca y Sina, arribaría hasta el tambo Pucarumi, y finalmente al pueblito de Quiaca y luego a Sina; finalmente iría a Saqui, como última meta en Carabaya; volviendo a Sina desde Saqui, continuaría aún un pequeño tramo quebrada arriba, hasta divisar el Viscachani, nevado que por ese lado dividía Carabaya de la hoya del Titicaca.


