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15/2/08

Los alpaqueros,sociedad amenazada por el Uranio


Perú: Los alpaqueros, sociedad amenazada por el Uranio

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Por Waldir Tuni

AlpacasLos récord de calidad alcanzados por la fibra de las alpacas de Carabaya en ferias alrededor del mundo son notables; igualmente, los reconocimientos no oficiales recibidos en Estados Unidos, Japón, Australia, y aún las estaciones de reventa creadas para exportar alpacas de Carabaya desde Chile. Además, los piropos de la London Geographical Society, la Nacional Geographic Society, en el 2001 y 2003 respectivamente, demuestran la preeminencia universal de los animales de Macusani y Corani.

Lo escondido

Lo que pocos conocen, a veces al punto de la ignorancia insultante, es que detrás de esos logros hay una meticulosa tecnología ancestral que reconoce y maneja desde la calidad de pastos apropiados, el frío óptimo, la cantidad y calidad de alimentos, la calidad del agua, los cuidados con técnicas ancestrales de nutrición suplementaria durante la preñez, el cuidado de la salud de los animales recién nacidos, el manejo de la biodiversidad para el tratamiento de enfermedades, los procedimientos de selección de manada por estrictos test de reconocimiento fenotípico; procedimientos de reproducción con tecnología genética no mendeliana pero, por los resultados, muy bien elaborada, etc. todas estas técnicas relacionadas a la propia crianza de la alpaca y que se utilizan actualmente.

Por si faltara, si tan solo en algún momento el alpaquero hubiera preferido Alpaquerocambiar de actividad por ejemplo a la cría de ovinos o vacunos, ambos muchísimo más rentables, su mundo pudo ser mejor. Pesó más en éstos herederos de las verdaderas tradiciones Incas, la fidelidad a la tierra y sus usos ancestrales, que obliga a la mística preferencia por los animales menos depredadores de un delicado ecosistema de gran altura, posponiendo a un segundo plano el interés económico propiamente dicho; al final, cada alpaca de buena calidad que se expone o se exporta, en verdad cuesta un poco de la calidad de la vida misma de sus criadores; con ese subsidio llegaron esos animales al siglo XXI.

Igualmente importante para los logros obtenidos es la existencia de una organización social que se reconoce muy elaborada, un sistema de ritos que obedecen a concepciones particulares del mundo del alpaquero que perviven como mitos, leyendas o costumbres que explican la preferencia por la cría de este animal, aún cuando el Estado peruano jamás se haya preocupado por brindar las más mínimas condiciones favorables para esta actividad productiva, se logró lo que se logró bajo las más adversas condiciones de abandono estatal.

Sociedad suspendida en el tiempo

La observación acuciosa muestra claramente que la tecnología, la organización de los alpaqueros, su propia concepción del mundo son manifestaciones muy conservadas, facetas no bien estudiadas aún que pertenecen a una sociedad que no corresponde a este siglo XXI; provienen de tiempos inmemoriales.

En estos tiempos en que todo lo bello, lo bueno, lo rico es atropellado en el altar del libre mercado, la sociedad de los alpaqueros está en peligro de depredación a causa de que en 600 km2 (casi todo) del territorio dedicado a esta actividad en Macusani y la vecina Corani, en el Perú, se encuentra el Uranio que quieren llevar para alimentar las usinas norteamericanas. MINERGIA, empresa operativa de Cameco y Vena Resourses canadienses, anunció que empezará a explotar ese recurso a tajo abierto desde este 2008.

El libro de la vida de los alpaqueros

Pintura rupestreEl único registro que la sociedad de los alpaqueros conserva como prueba de su existencia milenaria es el casi centenar de paneles de pinturas rupestres en las rocas de Isivilla, Tantamaco, Q’uellcaya, Chacaconiza, Ninahuisa, Viluyo, etc., es decir, en territorios rurales de Macusani y Corani. El propio Ing. Rainer Hostnig, que es quien más las estudió, reconoce que su análisis académico esta todavía en etapa embrionaria.

Éste único registro, debidamente estudiado, quien sabe si tiene la solución a varios problemas actuales y futuros de las sociedades modernas de cualquier parte del mundo. Para muestra un botón: están en etapa inicial los estudios hechos por varios abogados de Servicio de Educación Rural . Puno (SER – PUNO) sobre su sistema de protección - prevención recientemente rebautizado con el nombre de “ronderos”, ellos creen que su reciente aplicación para la pacificación, participación democrática, vigilancia, ordenamiento para-legislativo y otras muestras de sabiduría ancestral, pueden servir para la solución de problemas actuales.

Paneles – Altares Vs Uranio

Las “mesas” son una especie de altares destinados a ser centro principal durante el rito de agradecimiento a la madre tierra, acondicionadas en un cerco de piedras especial: las contadurías; estos cercos especiales no cambian de ubicación generación tras generación.

La “boca”, por donde se alimenta al espíritu de la tierra con las nueve hojitas de coca más inmaculadas por participante en el ritual, está en algún lugar, escondida, cerca del altar, pero en lugar diferente. Por analogía, ¿será descabellado pensar qué existe otro objeto, artículo o lugar importante para la mitología alpaquera alrededor de cada panel de pintura rupestre? ¿qué relaciones tendrán ellas con las cuevas, los cercos, las propias mesas para agradecimiento, la geografía circundante, la calidad de pasto próxima y todos los otros elementos que actualmente son importantes artículos que configuran la tecnología ancestral de los alpaqueros?

Parece cierto que cada uno del casi centenar de paneles con pinturas rupestres y petroglifos, debe tener mucho más que decir que la sola figura que se ve a simple vista; cada panel quizás sea semejante al altar en el centro de un templo, ésta es la lógica con la que los alpaqueros parecen haber construido sus sitios rituales ¿qué posibilidad de averiguarlo habrá si la Vena Resourses y sus asociadas, por llevarse el Uranio respetará las pinturas rupestres tal y como prometieron, pero destruirán todo el resto del territorio hasta dejarlo en estado similar al de la siguiente foto?

Mina de uranio a tajo abierto, foto Wyoming

Mina de uranio a tajo abierto, foto Wyoming

¡No destruyan “El Pentateuco”!

Se podrá escribir un nuevo testamento o, con algo más de esfuerzo, el antiguo testamento de la sociedad de los alpaqueros; pero el Pentateuco, el libro de origen de esta sociedad albacea directa de la cultura de los Incas, son esas Pinturas Rupestres. Es preciso que el Perú las proteja y que los gringos que desean el Uranio las respeten por el bien de la humanidad.

26/1/07

Una historia Kallawaya: entre las brumas y el misterio

  • Este articulo tiene connotaciones especiales y su valor va mas alla de lo sentimental [por la dedicatoria], fue publicado en varios medios escritos y electrónicos bolivianos en febrero de 2005; da muchos datos acerca de la historia poco conocida Carabaya o Callahuaya, de ahí su gran valor histórico. Valga reconocer, este artículo vino a confirmar muchas simples sospechas e hipótesis nuestras, de aqui en adelante, pudimos hallar más luces que convalidan plenamente lo dicho por el Historiador, documentalista y periodista PABLO CINGOLANI.
"Oh, a propósito, hay una región de Bolivia en la que no se dan
psicosis. Gente cuerda del todo en esos montes. Quisiera ir allí antes que se
eche a perder con alfabetizaciones, publicidad, televisión y
automóviles."William S. Burroughs:El almuerzo desnudo, 1959



"Kallawaya", en la cultura popular boliviana del presente, es un término que designa a una clase de médico naturista, un chamán, un sanador, un curandero o, lisa y llanamente, a un brujo. Un hombre, en definitiva, que carga sus hierbas, sus tierras de colores, sus mesas para ahuyentar los malos espíritus con sus ritos y ceremonias. Siempre implica secreto, algunas veces temor, en la mayoría de los casos respeto e incluso veneración. Se rumorea que habla una lengua secreta, el "puquina", que sólo conocen ellos… El Kallawaya está asociado a una localidad situada en un valle encajonado en la cordillera de los Andes, Charazani, y a las comunidades indígenas de sus proximidades y a un cerro, el Akamani, la montaña más sagrada de Apolobamba… pero los Kallawaya, como grupo étnico, aunque escueto y elusivo, también tienen un pasado que trataremos de esbozar aquí.

* * *

Cuando Ayana, hijo de Ari Capaquiqui, abrió desde Charazani el camino hasta el valle de Apolobamba por las alturas de los cerros, estaba escribiendo un capítulo crucial de una historia sobre la que hasta ahora sigue rondando el misterio: su decidida acción es la primera que se recuerda en los anales que prueba que los Incas dominaron también las tierras bajas del Antisuyu, "las provincias de los chunchos", de una manera más concreta y contundente a la que se repetía siguiendo a los cronistas clásicos.[1]

En 1618, Juan Tomé Coarete era cacique-gobernador de Charazani y bisnieto de Ari Capaquiqui y contó que éste fue comisionado por el Inca Tupac Yupanqui para:

"Buscar la mejor entrada que pudiese haber para las provincias de los
chunchos y hallándola tal abriese camino para meter la gente necesaria a la
conquista de ellos (…) el cual abrió por el dicho pueblo de Characane y Camata
haciendo puentes en los ríos más caudalosos por donde entraron los primeros
ejércitos y por no poderse comunicar todos los inviernos por los crecidos ríos
que hay por el dicho camino de Camata mando Guayna Capac a Ayana hijo del dicho
Arecapaquiqui buscase mejor camino por donde no impidiesen la entrada los dichos
ríos el cual abrió por las cuchillas y lomas (…) hasta el valle de Apolo sin
ningún río"


Ari Capaquiqui, Ayana, Coarete… todos eran kallawayas, miembros de uno de los grupos étnicos menos conocidos de los que habitaban los Andes orientales cuando los españoles invadieron el Tawantinsuyu.

¿Quiénes eran ellos? Los Kallawaya, antes de ser incorporados por los Incas a su organización estatal, constituían un señorío independiente, situado al norte del Lago Titicaca, en la región caracterizada por las cordilleras de Apolobamba y Carabaya, y que es muy probable confinase con el río Beni.

Eran los señores de un inmenso territorio que pertenecía a lo que bajo la cosmovisión aymara de opuestos complementarios se denominaba Umasuyu, es decir el mundo líquido, húmedo, vegetal, oscuro, femenino e inferior en la jerarquía dual y en oposición al Urcusuyo que caracterizaba al altiplano, la región desértica, mineral, con luz potente y masculina y donde se desarrollaron las culturas más estudiadas del horizonte andino. Uma y Urco eran espacios en torno a un eje acuático –formado por el Lago Titicaca- que los dividía y que también caracterizaba a sus pobladores. En el Urcusuyu, vivían los hombres propiamente dichos; en el Umasuyu vivían los urus y los puquinas, también los yungas, y por último, sumergidos en la inmensidad desconocida de la geografía, los chunchos, los "salvajes". Tribus feroces e indomables, según los cronistas, que vivían en la borrachera y en la lujuria y que representaban la contrafigura de la pax incaica, del orden de las altipampas. Esa distancia histórica sancionada por aquellos que escribieron la historia en los siglos XVI y XVII parace no haber sido tal.

Los Kallawaya formaban un núcleo que vinculaba a las culturas de las alturas con esas temidas pero fascinantes culturas de la selva. El mismo Coarete describió el alcance territorial de la provincia Kallawaya cuando fue dominada por los cuzqueños:

"Por mandato de Topa Yupanqui y Guayna Capac décimo y onceno Reyes que fueron del Perú mandaron a Are Capaquiqui que por ellos gobernara desde Ambaná hasta Usico adelante de Coyo Coyo…"
No se sabe si Ari Capaquiqui era un representante designado por los cuzqueños para gobernar la región o si se trataba de un señor étnico; en todo caso, lo que queda claro es que su jurisdicción ocupaba un inmenso territorio que abarcaba toda la vertiente oriental de la cordillera andina, desde Usicayos -a 3875 metros de altura, actual provincia Carabaya, en el departamento de Puno, Perú- a Cuyocuyo –en la provincia Sandia, ambas detrás de la cordillera que hoy se conoce como Carabaya- hasta Ambaná, un valle al sur de Charazani, hacia el Titicaca, entre los cerros de la cordillera de Muñecas.[2]

Según el testimonio, el señorío incluía los valles altos de los ríos Huari Huari (Inambary) y Carabaya o San Juan del Oro (actual Tambopata) en el Perú y los valles superiores de los ríos Puina, Queara, Pelechuco, Sunchulli, Camata y Copani en Bolivia. Estos ríos –poderosos torrentes de aguas bravas- atraviesan dos cordilleras: la de Carabaya y la de Apolobamba, con picos nevados que superan los 6.000 metros de altura y que descienden abruptamente hasta casi los 300 metros en menos de 100 kilómetros de distancia.[3]

Esto convierte a la región Kallawaya en una de las zonas con mayores contrastes geográficos del planeta; desde los grandes nevados a las florestas húmedas del trópico, pasando por el enigmático bosque de nubes caracterizado por su sempiterna bruma, lo que dota a su territorio de una de las biodiversidades más importantes del mundo, sino la más importante.[4] Tierra del uturuncu, el tigre, y del jucumari, el oso. Las orquídeas, los colibríes y las mariposas más bellas de la Tierra viven en su seno. Tal vez, fue allí donde el hombre conoció y pudo domesticar a la planta más sagrada de todas: la coca.[5] Este es uno de los motivos que explica la especialización de los Kallawaya como herbolarios itinerantes y médicos naturistas, como decíamos el aspecto más conocido de esta cultura en el presente.[6] Por ello, se supone que el espacio de recolección de plantas que eran utilizadas en la farmacopea kallawaya era aún más vasto que el territorio étnico anotado y que incluiría a otros ecosistemas como el de los yungas de La Paz y el valle y las colinas boscosas que circundan a Apolo.

En todo caso, lo que sí queda claro es que ellos conocían el territorio de la vertiente amazónica de los Andes como ningún otro pueblo, facilitaron -como guías en el terreno y como articuladores con otros pueblos- el acceso de los Incas a la región oriental e incluso fueron premiados por ello por los señores del Cuzco. El señor Kallawaya fue autorizado por el Inca ha ser llevado en andas por cuarenta indios; sabemos también por Guamán Poma de Ayala y otros cronistas que los Kallawaya eran los portadores de la litera real de los soberanos cuzqueños, lo que constituía una distinción y un privilegio. Esa presencia incaica en los territorios amazónicos -que desde la provincia Kallawaya llegaba hasta el río Beni y que fue registrada por varios otros cronistas- fue la más estable de las registradas en el Antisuyu hasta la llegada de los españoles. Incluso, tras el arribo de los europeos, el territorio siguió bajo la influencia andina por más de un siglo.

* * *

¿Cuál es el origen de los Kallawaya? No se sabe con certeza. Hay una hipótesis que relaciona a la lengua hablada por ellos –el puquina, emparentada con el arawak, de origen caribeño- con su probable origen amazónico. Luego del colapso de Tiwanaku, los Kallawaya fueron tal vez uno de los grupos que peleaban por la hegemonía en el Collao, en especial en torno a las tierras adyacentes al lago Titicaca. Entre los siglos XII y XV de nuestra era (período regional o intermedio tardío para los arqueólogos estudiosos de la cultura tiwanacota), nuevos grupos invasores pudieron llegar a la región, como guerreros y pastores aymaras procedentes de Chile, que disputaran con los grupos existentes las tierras circunlacustres y los empujaron hacia los valles orientales donde, en el caso Kallawaya, la historia ha registrado su presencia.

La hipótesis lingüística hace sospechar a Saignes la existencia de un continuum cultural en la vertiente amazónica del Collao que enlazaría el sector umasuyu del altiplano (la ribera norte del lago Titicaca), los núcleos puquina parlantes (los Kallawaya), los grupos Takana de la jungla montañosa (los chunchos propiamente dichos) e incluso, en la orilla derecha del curso medio del río Beni, a los Mojos, todos emparentadas por sus lenguas de origen arawak. Este relacionamiento, desde ya, habría facilitado la dominación de los Incas, incluso más allá del río Beni, como atestiguan algunas de las fuentes coloniales.

Con esta especie de corredor de pueblos desde el corazón de los Andes al corazón de la Amazonía, quedaría asentada la hipótesis de unos vínculos mucho más profundos que los habitualmente supuestos entre las culturas de las montañas y las culturas de las selvas. Los Kallawaya representaron, tal vez, el nexo fundamental entre ambos mundos, la mayoría de las veces vistos, erróneamente, como antagónicos. Estos contactos entre las culturas andinas y las culturas amazónicas es uno de los capítulos menos indagados del pasado sudamericano y una fuente inagotable de leyendas pero, tal vez, en su comprensión se esconda una de las llaves para entender el destino de los pueblos de esta parte del continente.

Otro enigma sigue siendo el origen del nombre. Saignes trata de proponer un etnónimo convincente, anotando que la planta Kalawala (o Calaguala como figura en las crónicas) es mencionada por los informadores de Louis Girault –uno de los mayores investigadores de la cultura herborista- como muy eficaz para curar el chugchu o paludismo, la fiebre que tenía a mal traer a los andinos que bajaban a las selvas. Una de sus variedades es llamada Inka Kalawala y otra, denominada Jatun Kalawala ("la grande") mezclada en la chicha ocasionaría efectos psicotrópicos, lo que la relacionaría con rituales chamánicos. Para Saignes, son una pista[7]y lo que nos introduce de lleno en un tema inquietante: los grandes circuitos de iniciación y de prácticas chamánicas entre la selva y los Andes. Imaginemos: ¿La ruta de la ayahuasca?: los chamanes andinos concurrirían a la selva kallawaya para su iniciación ritual y mágica. El territorio entre el Titicaca, la cordillera de Apolobamba y las orillas del río Beni estaría inscripto también en las coordenadas de una geografía sagrada y esotérica.

Durante la colonia, el término Kallawaya comenzó a experimentar confusiones que llevaron a legitimar una supuesta diferenciación entre Carabaya y Kallawaya (o Callawaya, Callahuaya o Calabaya como está escrito en algunos textos del siglo XVI). Desde ya, no hay duda que los territorios que hoy dependen administrativamente de las repúblicas de Bolivia y Perú formaban parte de la misma unidad territorial y étnica.[8]

Los españoles formaron con los territorios de la cuenca de los ríos Inambary y Tambopata la provincia de Carabaya (Hatun Calabaya[9]), incorporada luego al Perú, y los valles meridionales, desde Pelechuco al sur (Calabaya la chica), integraron la provincia de Larecaja, en la actual Bolivia. La bi participación del término, entre Carabaya Grande y Carabaya Chica, no hace más que aludir a la organización dual del espacio andino.

* * *

En medio del misterio que rodea a los Kallawaya, como las brumas que habitan su territorio, de las dudas de la historiografía con relación a ellos –dudas que tal vez nunca terminen de despejarse-, acotaremos algunos datos que prueban la influencia de la presencia inca en los Andes orientales. Está inscripta en varias crónicas. Rescatemos algunas.

En la Relación de los Quipucamayos, se atribuye al Inca Pachacuti la primera conquista de la "cordillera de Andes y Carabaya" y la atracción "con halagos y dádivas" de "las provincias de los Chunchos y Mojos y Andes, hasta tener sus fortalezas junto al río Paitite y gente de guarnición en ellas. Pobló pueblos en Ayavire, Cane y el valle de Apolo, provincia de los Chunchos"[10].

Garcilaso de la Vega es puesto en duda por su cronología exagerada pero en sus Comentarios Reales de los Incas de 1609 refiere que el segundo o el tercer Inca anexa la orilla oriental del Lago Titicaca (Omasuyos) y baja hasta el "río Calabaya", dominando a los pueblos intermedios. El cuarto anexa los valles de San Gabán (Macusani y Ollachea actuales, en el Perú) y Larecaja, luego se dirige al sur, recorre el altiplano hasta Caracollo, instala mitimaes en Caracato y observa la "serranía nevada de los Antis" (la cordillera de Quimsa Cruz o Tres Cruces).

Recio de León, en 1623, escribió sobre los habitantes de los territorios que atravesó en su entrada hasta el valle de Apolobamba y las aldeas takanas del río Tuichi. Dijo refiriéndose a las etnias que:

"Todos los indios de estas provincias de los chunchos, menicos y taranos ocupan
las tierras montuosas. No es gente en tan grande número como la de las
provincias de los llanos, porque siempre en las tierras más fragosas hay menos
naturales. Visten todos los de estas montañas maravillosamente de algodón,
porque es tierra abundosa de él; con muchas listas y labores de colores de
cochinilla y añil, género que tienen muy sobrado. Usan todos de los ritos y
ceremonias que los del Pirú, por ser indios procedidos, que el Hinga entró aquí
de guarnición."[11]
Pero según este testimonio, el Inca no solamente acantonó tropas en esos territorios, sino que habría cruzado el río Beni, ya que Recio cuenta que:

"Vinieron de la gran provincia de los Marquires que está a la banda del levante
del Diabeni cuatro indios principales por orden de su señor a llamarme para que
fuese allá; yo lo hice porque lo tenía en propósito, y habiendo llegado a esa
provincia ví una maravillosa fortaleza que dijeron haberla hecho el canpo de
Hinga para que quedase memoria de que su gente había llegado hasta aquí cuando entró conquistando esta tierra."
En 1677, un fraile franciscano bien acucioso, Juan de Ojeda, que había entrado al país de los chunchos por el lado de Carabaya brindó testimonios excepcionales de la presencia andina en la Montaña, como comenzó a ser conocida la vertiente oriental y amazónica de los Andes. En una carta, cuenta su llegada a un pueblo de indios que él bautizó como Santa Úrsula, situado "desde San Cristóbal, asiento de mina y lo último de la cristiandad, diez y ocho o veinte leguas". San Cristóbal era uno de los yacimientos auríferos explotados en el sector de San Juan del Oro, la primera fundación española en la vertiente andino-amazónica, alrededor de los años 1538-1540. Anotó en referencia a los habitantes de Santa Úrsula que

"la gente de este pueblo y nación, Araonas en su idioma, serán hasta de setenta
personas, de los cuales son los cincuenta cristianos y los veinte se han ido a
la tierra adentro. Dicen correrá esta nación más de cuarenta leguas de largo y
cuentan más de veinte pueblos del tamaño de éste, poco más o menos, y el último
llaman Toromonas, que dicen ser muy grande, y tiene cuatro caciques que los
gobiernan, y de estos nunca salen acá fuera, y que van allá todos los de los
demás pueblos a buscar almendras, de que abundan, para los rescates.
Y habiendo
inquirido las tradiciones de estos indios, dicen que fueron vasallos tributarios del Ynca del Cuzco, a donde les llevaban tributo de oro, que llaman vio, y de plata, que llaman çipiro, y plumas y otras cosas de valor de esta tierra…"[12]

Ojeda también escribió la dramática situación vivida cuando los españoles invadieron el Tawantinsuyu. Los Araona que acudían al Cuzco a entregar sus tributos,

"en el camino encontraron grande muchedumbre de indios yngas, que así llaman a
los del Cuzco, que les dijeron que ya su Ynga estaba muerto por los españoles, y
que todos juntos se volvieron a esta provincia, pasando los yngas a tierra
adentro, que dicen es llana y pajonales"
Este relato –cargado, por otra parte, de intensidad histórica y, desde ya, literaria: imaginen ese cortejo de los derrotados yendo a buscar amparo entre sus hermanos de la selva: abismos, barro, piedra que rueda, musgo, tormenta, el trueno sobre los cocales…- ese testimonio, decíamos, no hace más que corroborar el conocimiento del territorio por parte de los andinos –en este caso, fugitivos del dominio español- y la existencia de caminos que conducían a la tierra llana que bien pueden tratarse de las llanuras del río Mamoré, en el Beni actual.

Recio de León también refiere la presencia de evadidos en el territorio que recorre –en este caso, entre Pelechuco y San Juan de Sahagún de Mojos, otra de las vías de ingreso a Apolobamba- cuando anota que

"No hay en esta parte naturales conocidos pero hay muy grande cantidad de indios cristianos del reino del Pirú, no hacen daño a los españoles de la entrada."[13]
Los Incas refugiados en la selva refuerzan la leyenda de un reino maravilloso: el Paititi, donde "se sirve con platos de plata y oro y que se sientan en banco de oro, y las paredes por de dentro de la casa del ídolo son de plata y oro que relumbra mucho", según Ojeda.

El misionero no era el único que contaba esas historias. En 1654, un grupo inicial de franciscanos encabezados por fray Bartolomé de Jesús y Zumeta había entrado a la selva por la referida vía de Carabaya. Dejando atrás numerosos pueblos, llegaron a uno que denominaban Zemita donde increparon al cacique por su culto. Allí, en un adoratorio
"entre muchos pellejos de tigre y algodones, halló unos ídolos de bronce y
una lancha (sic) y una mascaipacha de las que usaban los Ingas; y preguntado al
dicho Cacique que quien le había dado lo referido y un llaito de plata que traía
en la cabeza, respondió que el Inga Capac se lo había dado a su abuelo cuando se
retiró del Cuzco huyendo de los españoles. Y preguntándole donde estaban estos
Ingas, respondió que en la junta del río Paytiti y Mapaira, que está a tres días
de camino de otro río muy grande llamado Manu…"
[14]


* * *

Lo dejamos ahí… espera una colosal labor para elaborar una geografía histórica aproximada de esta región sorprendente, puente de unión entre los Andes y la Amazonía, lugar de encuentro, tinku entre culturas, y reconstruir sus vías de comunicación, sus caminos rituales, sus poblaciones. Indagar en las fuentes y en la historia oral, la verdadera historia de estos pueblos y tratar de elucidar el pasado –la cueva de Warajuju, antes de la pukara de Mamacona, el túnel y la laguna camino a… esas confesiones de pura ch´alla que me hizo Radamir, mi amigo leco, que me hicieron mis amigos takanas… quedan tantas hebras sueltas de este quipu incesante que es la vida… Quedan estas historias inquietantes, pasto para leyendas cuyos ecos aún siguen resonando, que serían incomprensibles sin el concurso decisivo de los Kallawaya: ellos fueron los introductores de los Incas en las profundidades del continente, más allá de la seguridad que brindaban los nevados de los Andes, porque ellos, los chamanes, los médicos, los herbolarios, conocieron como nadie los pueblos y los secretos de la selva.

Pero la historia (casi siempre) es cruel: todo ese conocimiento, se fue perdiendo en parte, al ir muriendo los últimos iniciados a mediados del siglo XX, y se sigue perdiendo producto de la incomprensión acerca de su valor. Pero, no nos desanimemos: alguna de las Verdades Encontradas, tal vez, esté sepultada al pie del Akamani, la montaña más sagrada… ¿quién sabe?

Chuquiago, 17-18 de Febrero de 2005

Post scriptum:

  • dedico este trabajo urgente al Dr. Waldir Tuni, mi amigo de Macusani, y a los caminos de Carabaya/Callahuaya donde me volveré a encontrar con Sebastián Durán, Néstor Adco, Modesto Madriaga, Juvenal Mercado y todos los compañeros con los cuales compusimos "nuestro mapa del Mosojhuiaco", el camino a Pablobamba y la cartografía del futuro. Agradezco al Dr. Rolando Costa Arduz y al Lic. Álvaro Diez Astete por facilitarme las fuentes y la bibliografía fundamental. Y por la amistad. En este presente de cinismo y emociones cruzadas, no existe discurso político sin una dimensión lírica, épica y trascendente: allá vamos, sabiendo que siempre volvemos sobre nuestras heridas. Ese es el camino, nuestro camino (Paco, "68", todos). Escribo en un país convulsionado y a la búsqueda de su identidad y conciente que todas las palabras que uno anota vienen de un solo lugar: el alma.

    NOTAS

    [1] Esto cambió gracias a la invalorable labor desplegada por el historiador francés Thierry Saignes. Fue él quien encontró la documentación referida a Juan Tomé Coarete, incluida en una de sus obras fundamentales: Los Andes orientales: historia de un olvido, IFEA, CERES, Cochabamba, 1985. De allí, salvo las indicadas, están tomadas las citas de este trabajo.

    [2] Administrativamente, Ambaná hoy es un cantón dependiente del municipio de Carabuco, provincia Camacho, Departamento de La Paz, República de Bolivia.

    [3] En la cuenca del río San Gabán, se sitúan el cerro Allinccapac, con una altura de 5785 metros sobre el nivel del mar, la cumbre más alta de la provincia Carabaya, y la comunidad de Lechemayo, un centro poblado a 320 metros. En línea recta entre estos dos puntos existen 95 kilómetros aproximadamente. Dr. Waldir Tuni, comunicación personal, 2005

    [4] "Los Andes tropicales –a veces llamados ´el epicentro mundial de la biodiversidad´- constituyen el hotspot más rico y diverso de todos. Allí se encuentran 20.000 plantas endémicas y por lo menos 1.567 vertebrados (incluyendo peces), entre ellos una gran cantidad de aves y anfibios. Entre sus especies emblemáticas se encuentra el oso de anteojos, único en su género en América del Sur". Hotspots. Biodiversidad amenazada: las ecorregiones terrestres prioritarias del mundo. Conservation Internacional- Sierra Madre- CEMEX, 1999.

    [5] El valle de Apolobamba fue asiento inca y era famoso por sus cocales. Aún hoy, los que aprecian el consumo de la hoja de la planta, siguen insistiendo que la mejor coca de todas las existentes proviene de Santa Cruz del Valle Ameno, un poblado al pie del cerro Bilunto, y en las proximidades de Apolo. Mitmaq chachapoyas fueron trasladados por los incas para encargarse de los cultivos. A propósito, Thierry Saignes propone una etimología para el topónimo Apolobamba: "conferido a la cordillera ubicada entre los ríos Suches y Tuiche (cuya cumbre somital es el Acamani, "cabeza-cerro" en pukina): el nombre ulo designa los gusanos que comían las hojas de coca y podemos preguntarnos si "Apu-ulo" no sería "el señor de los gusanos" cuya importancia para esta región dedicada al cultivo de la coca (…) es vital". En: Hacia una geografía histórica de Bolivia. Los caminos de Pelechuco a fines del siglo XVII. En: DATA N° 4, INDEAA, La Paz, 1993, pág. 128

    [6] La UNESCO la reconoció el 2003 como "patrimonio cultural de la humanidad".

    [7] Otra pista: "Ccara es cuero en quechua, y Uaya o Waya se aplica a un atado flojo, es decir traducido literalmente es algo como cuero-flojo. Benjamin Duenas Tovar dice que mas bien la traducción debería referir "a personas que tienen la costumbre de no atar muy fuertemente los cueros". Basa su afirmación en el hecho de que Carabaya, para los pobladores de Sicuani, pueblo antiguo, en la ruta al Cuzco, con el que tenían muy frecuente comunicación y contacto, eran personas arrieras, provisoras de carne y cueros de alpaca". Dr. Waldir Tuni, comunicación personal. La hipótesis tiene un mérito: también alude al carácter itinerante de los habitantes de Carabaya.

    [8] En Bolivia, se consideran "kallawayas" a seis comunidades de la provincia Bautista Saavedra: Curva –un verdadero santuario y una universidad del saber médico-, Chajaya, Chari, Inca, Kanlaya y Wata Wata. Charazani es la capital provincial. En Perú, la antigua provincia Carabaya fue dividida en dos: la del mismo nombre (cuya capital es Macusani) y Sandia.

    [9] "… cuya cabecera era Sandia (más los pueblos de Ollachea y Ayapata; a Para [o Phara] venían los mitimaes del Collao)". En Thierry Saignes: En busca del poblamiento étnico de los Andes bolivianos (Siglos XV y XVI), MUSEF, Avances de investigación Nº 3, La Paz, 1986, pág. 18

    [10] Según la cronología de Cabello de Balboa adaptada por John Rowe en el "Handbook of South American Indians", el Inca Pachacuti habría gobernado entre 1438 y 1471. Los quipucamayos fueron obligados a contar la historia al virrey Vaca de Castro en 1544. La cita está tomada del libro de Ana María Lorandi: De quimeras, rebeliones y utopías. La gesta del inca Pedro Bohorquez, PUCP, Lima, 1997, págs. 149-150. Saignes no acepta la cronología de los Quipucamayos.

    [11] Juan Recio de León: Breve Relación de la descripción y calidad de las tierras y ríos de las provincias de Tipuane, Chunchos y otras muchas que de ellas se siguen del gran reino de Paytite… Manuscrito 3826, Biblioteca Nacional de Madrid.

    [12] Copia de carta que escribió al conde de Castellar el Padre fray Juan de Ojeda, Misionero franciscano, en 13 de septiembre de 1677. En Juicio de Límites entre Perú y Bolivia. Prueba peruana presentada al Gobierno de la República Argentina por Víctor M. Maurtua. Heinrich y Co., Barcelona, 1906. Tomo duodécimo, Misiones, pág. 45

    [13] Recio de León, op. cit.

    [14] Maurtua, op. cit. Pág. 21

AZANGARO, AYMARAS Y OTROS DATOS. publicación original de Pablo Cingolani

Texto publicado originalmente en el weblog de mi buen amigo Pablo Cingolani, el Aug 04, 2005 07:36 con el título “Comentarios » Azángaro: una aclaración necesaria”, se envió como comunicación personal y nos dio el honor de ponerlo en su web, le estoy muy agradecido: http://www.cingolani.ssolucion.com/?modulo=coment&id=1&sec=Portada&r_id=21


Leí el artículo sobre Juvenal, un amigo tuyo en Sandia[ http://www.cingolani.ssolucion.com/?modulo=coment&id=1&sec=Portada&r_id=19 ], hay un pequeño error que felizmente no lo leyó antes un azangarino. Dices que los azangarinos son aymaras; para oídos de los de ese lugar, eso es un agravio; son quechuas como la mayor parte de las poblaciones situadas al norte de la Plaza de Armas de Puno: ese es el límite lingüístico pero no racial, los rasgos aymaras se extienden un poco más, hasta bien entradas las poblaciones de Azángaro, por eso lo escuché utilizar como un aguijoncito cuando se les quiere molestar.

La excepción a esa distribución, va por el lado de la frontera con Bolivia, algunas de esas poblaciones del norte del lago Titicaca, y todas circundantes al lago, de las que Huancané es la mas grande, hablan aymara.

Las escasas familias al norte de esa línea bastante bien delimitada de habla aymara son nuevas, de mediados de los 1900, producto de la construcción de las carreteras que conectaban esta parte del territorio con Huancané -en el caso de Sandia- y con Azángaro -en el caso de Macusani.

A raíz de esta dicotomía comunicativa de la antigua Carabaya con las poblaciones del sur, se produjo, o mas bien se ahondó, la ruptura de una ya débil unidad de esta provincia prerrepublicana, quebrada ya en 1875, año de su subdivisión en las actuales Carabaya y Sandia; como es lógico, estos caminos incrementaron la migración sur- norte y la migración de algunas familias de hablantes aymaras hacia el norte.

En el caso de Sandia, fue mucho más numerosa la colonización huancaneña; los de esta última población, solían, y suelen aún, entrar en temporada seca saliendo cuando las lluvias hacen demasiado peligrosos los trabajos en los lavaderos de oro. Para las poblaciones más occidentales de la Hatun Carabaya, (como la llamas), empezaron, recién entonces, una fluida conexión con el sur del departamento que hasta ahora no es plena, ya te comenté en alguna oportunidad que las costumbres, el comercio a lomo de bestia y algunos rasgos culturales son más “cusqueñoides” que mezclados o influidos por la cultura puneña, muy fácil de diferenciarlas porque la última tiene y tuvo gran influencia boliviana.

El foco de migración anterior a éste “boom”, por decirlo de algún modo, era Arequipa; a diferencia de Bolivia, en el Perú el clima más apetecido para vivir es el cálido, por eso el foco mas atractivo para los puneños aymaras y quechuas (me refiero a los de esa ciudad) era y es Arequipa, tanto que los Lonkjos puros (quiere decir rudo o tosco en quechua, así se les llama a los nativos arequipeños), ya no existen, casi todos tienen rasgos raciales aymaras aunque casi nadie hable este idioma; el nuevo Lonkjo, que ya no es tan nuevo, habla “quechuañol”.

¡Ah! otra cosa, sobre Sandia: la capital, ésta es una trascripción de un documento cuyo origen viene del año 1781:

  • Descripción tomada de un códice existente en la Biblioteca Nacional de Bolivia: Manuscritos, Colección Rück. Nº 81, con las características siguientes: Un Volumen de tamaño folio; 294 hojas numeradas; papel de oficio corriente de la época, con marca de agua; 28 y 29 líneas por plana; dos tipos de letra de la época. Clara y bien trazada; encuadernación en pergamino. En el lomo tiene el nombre: Libro de Ynformes de la visita de Tabacos y descripción de las Provas. del Rio de la Plata y una razón del Reyno de Chile.

"Provincia de Carabaya
A ella pasé no obstante, no parecer preciso, según las noticias qe. tube
qe. no discreparon de las qe. tomé en este Terreno. La entrada en esta Provincia
y toda ella es de las mas escabrosas en sus caminos, siendo los mas de ellos
casi intransitables. Su extensión es bastísima; pues tendrá cerca de ochenta
leguas de longitud desde el Lindera de la Provincia de Quispicanchi de la
Jurisdicción de Lima nombrado Coroni hasta el paraje de Sn Cristobal de Quiaca
qe. Confina con la Provincia de Larecaja; su latitud es corta a proporción, pues
solo es de dies y seis leguas desde el repartimiento que llama de Santiago de
Sandia hasta los indios reducidos.

Hasta ahora su Cptl. ha sido Sandia, por su mejor Temperamto. pero en el
día los es el pueblo de Crusero, pr. estar este en mejor situación para la
salida y el Govno, de la Provincia que se compone de diez, y siete Pueblos, qe.
son: Ooasa, Ayapata, Sandia, Sn Juan del Oro, Cruzero, Usicayo, Juata, Ollachea,
Atacusani, Para, Cuyucuyo, Nacoreque, Laquciqui, Patambuco, Quiaca, Saqui y
Sina; Los cuatro primeros son Pueblos bien grandes y el de Sn Juan del Oro, se
titula Villa Imperial por Privilegio concedido de resultas de la presentación
qe. hicieron a la Corte de una pepita de oro que se hallo allí de una Magnitud
considerable.

Tiene igualmte. un asiento o lavadero de oro llamado Aporoma qe. es de los
mas ricos que se conocen tanto pr la abundancia de este metal cuanto pr. la
cantidad de el que dicen ser de la mejor ley. Tendrá de treinta a treinta y
cinco mil almas toda la Provincia; cuyo giro esta reducido a la coca que en
muchos valles siembran en abundancia y con lo qe. comunmte. pagan sus Tributos; y a los lavaderos de oro qe. forman los Indios en el tiempo de secasen todos los ríos, particularmente los de Sandia y Chontabamba constituyendo una especie de Empedrados con bastantes huecos en el tpo. de secas para recoger en ellos, después de las avenidas, el oro, qe. dejan las aguas; y con efecto no dejan de
sacar algunas libras: Tienen también algunas cortas Siembras de Mays y escaseam mucho las carnes pr. no haber pasto para los ganados.

Esta provcia. padece algunas invasiones de los Indios chunchos con quienes
confina pr. la parte del Norte en los valles de Inambari y Sn. Gaban pr. lo qe.
en el primero tiene tres fuertes o castillos, y en el segundo uno, Sostenidos a
expensas y pr. los Indios Tributarios, los que particularmente en los meses de
Julio, y Agosto tienen en los meses su competente guarnición por ser este el
tpo. en qe. los Infieles pueden hacer sus entradas á destruir las Sementeras ,
Robar y matar los vecinos; anticipándose a las aguas qe. impiden en los demás
meses del año el vadear los ríos. – La Paz, octubre 19 de 1780

Provincia de Larecaja

Desde la Provcia. de Carabaya, regresé a Azangaro pa. torcer mi ruta á la
de Larecaja donde tenia noticias de estar establecido en Estanco algos. Años
hace; ...Provincia de Azangaro....En esta tengo determinado se ponga otra
Admón.. gral. Que tenga a su modo la particular qe. Debe ponerse en la de
Carabaya por ser esta la última, y estar arrinconada sin otra salida pral. qe.
la de Azangaro en este virreynato..." (
se refiere all virreynato de La Plata, o
Buenos Aires).

De este testimonio se lee que existía una provincia con dos capitales, una por conveniencia y utilidad para el transito y, se dice, mas grande; la otra por mejor temperada y "más habitable". De las dos, a partir de 1821 (año de la independencia), Crucero perviviría por unos años mas con esa condición de privilegio, hasta 1875, en que se crearon las actuales provincias de Carabaya y Sandia, no se sabe, pero parece ser que quienes la propusieran con más fuerza, eran los sandinos que añoraban el antiguo epígrafe distintivo perdido con la creación de la república. Puede ser que como contraparte por ese interés complacido, resultara que Carabaya (el nombre) se quedó para la porción occidental, como vez, [siempre en el terreno de la hipótesis] este pudo haber sido el origen de la perdida de contacto nominal con la porción perdida, según tus afirmaciones, en 1568... me refiero a Charazani y toda la huchuy Carabaya o Callahuaya, ...

¿A propósito... busqué la cédula real de esa ruptura, pero no pude hallarle in extenso, solo fragmentos que no me sirven mucho, no sabes en qué colección o qué libro puedo encontrarla?

Hasta pronto Pablo.


Coda: ¡Gran Waldir, mi amigo de Macusani! Tienes toda la razón: Azángaro es quechua. A mi se me escapó la liebre en el artículo sobre Juvenal, tal vez por la emoción, porque, ¿cómo no recordarme que Azángaro fue el gran cuartel general de la rebelión tupacarista? Y, desde ya, ¡eran y son quechuas! Por eso, vale la aclaración y vale más por la cantidad de aportes que haces al esclarecimiento de esa historia que postulamos común. Como te dije, ojalá que este espacio sirva para que sigamos trabajando en esa dirección, y si vuelvo a equivocarme, no dudes en seguir aportando… (P.C)

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